lunes, 27 de noviembre de 2017

Una roca cualquiera

En lo más profundo,
cubierta de roca,
reposan mi boca
y mi yo mudo.

Viaje al corazón del pecho oprimido
por el peso del mundo,
con venas de magma
y palabras de enigma.

Sepultado por temores,
toneladas de mineral,
mi silencio cruje
bajo presión descomunal.

Palabras de amor,
caviladas lustros,
esperan el temblor
para romper el pulcro.

Roca, sólo son
palabras aplastadas
con formas de fuego
y lágrima diamantina.

Roca, son sólo
recuerdos puros,
deseos seguros,
propósitos sólidos.

Fantasías de cera,
cuerpos fundidos,
volcanes congelados,
grafito y carbono.

Inescrutable ruido humano
calla a los cimientos:
el amor olvidado,
omnipresente el miedo.

El día que erupte mi voz,
temblará la Tierra:
ni yo soy el centro del mundo,
ni tú una roca cualquiera.

domingo, 25 de junio de 2017

Peces

Et construiria.
Si estigués ben fet, si no fós proscrit.
Et faria de peces noves.

T'esbucaria.
Te tornaria a començar,
com es torna a començar
una muntanya conquerida
per un camí equivocat.

Et posaria peces d'altres,
que no són teves,
però que m'agraden.

Et posaria, per exemple,
uns ulls que em mirassin.
No s'últim model,
bastarien es que ja duies fa uns anys,
que pareixien romputs de sempre mirar es mateix lloc,
sa casa que jo era per a tu.

Et construiria, tota de nova.
Et posaria una mica més de ràbia,
de sa que serveix per canviar el món,
et pujaria es volum de sa teva veu
per maleir es qui deixen morir nins al mar.

Et construiria, si estigués ben fet,
si no fós proscrit,
si no fós una maleïda eugenèsia mal dita romàntica.

T'esbucaria sa vergonya i et cosiria ales
per a que fugissis de jo, més ràpid,
i assaborissis aires de llibertat,
sense homes presos de ses seves creacions.

Si estigués bé edificar-te,
series sa meva Frankenstein.
Començaria per sa meva costella torta,
sa de mirar sempre cap a terra.

Ho faria si no fós delicte contra sa llibertat.
Si no pogués sofrir ses teves peces rovellades.
Si no t'estimàs, ho faria.
A qui vull enganar? Pura fantasia.

jueves, 24 de julio de 2014

Collage d'estiu

Era una persona triste. Era especialmente gris. Y, sin embargo, no dejaba de preguntarse cosas. Era curioso, porque él siempre había creído que las ideas tenían colores, y que tenerlas todas juntas a la vez en la cabeza construiría algo hermoso. Pero lo que había sucedido es que, de tanto mezclar, ya no sabía ni dónde estaba el pigmento y la mezcla era sólo gris.

Gris era su trabajo. Por un lado, pensaba que ayudar a los demás a costa de uno mismo (la única forma de ver su trabajo con cierta aprobación) sería bonito, pero por otro pensaba que renunciaba a tantas otras cosas en la vida. Era como si trabajase para que los demás fueran felices a su costa: podrían dedicarse al arte, a leer, a la música, a cocinar, a actuar, a viajar... En cambio, él era sólo la red de seguridad, era el que engrasaba las vidas. Era un trabajo lleno de gris. De hecho, todos los que lo hacían iban vestidos de gris. A veces se ponía una corbata roja, como una chispa de vida buscando auxilio, pero pocos clientes le reconocían como a alguien diferente. En cambio, sus jefes enseguida le condenaban, como dándole la razón a la parte triste de su alma, “no eres tú lo rojo de la vida, trabajas para que los demás lo sean”. Su trabajo le hacía sentir mal porque no se basaba en algo real, sino que era especulativo: los hombres grises hablaban de cosas que no existían y se ponían de acuerdo sobre ellas. Y, en cambio, le pagaban bien y la gente se lo agradecía. Sin embargo, él tenía la sensación de que les estaba robando, de que cualquiera podría hacerlo igual de bien. Aunque eso no era cierto; poco a poco se había ido convenciendo (quizá porque no sabía hacer otra cosa) de que era un buen vendedor de ideas.

Pensaba hasta cuando se lavaba los dientes. Se atascaba en cada recoveco; se preguntaba, siempre que se arreglaba, se lavaba la cara, se afeitaba o hacía ejercicio, si lo hacía por él mismo, o por agradar a los demás, o por su trabajo. Al final, todos creían que era presumido, pero es que pensaba cualquier cosa que hacía y por eso tardaba una eternidad en llegar a cualquier parte.

Pensaba sobre todo que estaba solo. Pensaba que nadie le entendía, y que aunque buscase jamás encontraría a alguien que le entendiera. A veces pensaba en ella y sólo deseaba ver Saber y Ganar hasta el ocaso de los tiempos, hasta que fueran viejos y ya se supieran todas las respuestas. A veces pensaba en el suicidio anómico, en si realmente había alguien que le necesitaba, o si podía marcharse a otro sitio donde mezclar ideas hasta ahogarse no se convirtiera en un empacho gris, sino en una liviana felicidad luminosa. A veces pensaba en dejar su trabajo, en dejar de ser él haciendo cosas que él jamás haría, y mil cosas más. Pensaba sobre todo que la gente le aburría, que ya no era necesario molestarse en conocer a nadie, que sólo para poner al día sobre sí mismo a cualquier persona harían falta por lo menos unas cuantas semanas, y que no valía la pena ni siquiera intentarlo. Le hubiera gustado que las personas vinieran ya hechas, como salidas del horno, que pudiera mezclar como colores a todas las personas que conocía y hacerse una con la que hacerlo todo, que le entendiese desde ya. Sabía que al estar tan lleno de ideas, todas eran contradictorias, que no podía afirmar nada ni desdecir nada. Había dejado de hablar por no cometer errores, y tenía ganas de morirse porque sabía que no existía nada perfecto, pero hasta esa misma idea era perfecta. Se había convencido de que era único, de que forzosamente debía ser interesante aunque no estuviera lleno más que de aire, de proyectos sin forma, de cosas que no podía empezar; sabía que hasta eso podía crear interés en alguien, siempre que no fuera él mismo. Su psiquiatra no entendía nada de lo que le decía, pero le perseguía obsesivamente, como si fuera un curioso animal, exótico, ermitaño, una revolución científica.

Y a veces, sobre todo, veía su muerte y sabía que no moriría de pena, sino de confusión.

domingo, 15 de junio de 2014

El plan

Ella no lo sabía, pero él tenía un plan. Cuando volviera a verla, ya no sería el mismo. Habría vivido más, habría hecho más cosas, habría aprovechado el tiempo. Se escondería de ella hasta que estuviese preparado, jamás le contaría nada de sus progresos. Quería que ella le prestase atención, que al verlo se acordase del simpático y triste chico de antes, pero que se quedara impresionada al verlo aparecer con una enorme, sutil y amable aura de sabiduría. Soñaba con invitarla a un café y regalarle una flor con su primer sueldo; explicarle humildemente sus pequeños pero constantes triunfos. Soñaba con el reencuentro, él vestido con un traje de pobres, presentarse como un pequeño señor que se había ganado todo lo que tenía. Soñaba con su sonrisa, y su plan, que tantos años y esfuerzos le costaría realizar, tenía sólo ese fin.

Pero también le preocupaba que el café nunca llegase. Sobre todo, le preocupaba que el resultado no dependiese de él. Que por mucho esfuerzo que hiciera, ella nunca quisiera verlo de nuevo. Que jamás volviera a sonreírle. Que estuviera haciendo cosas no por sí mismo, sino por un fugaz deseo. Que el amor cambiase durante el tiempo, que lo llamaran química, capricho, ingenuidad o sexo, que él sólo fuese un actor en una película de guión impasible.

Pero entonces pensaba que, al menos, recorrería camino, y que la sonrisa de ella era la idea que más le gustaba.

martes, 15 de abril de 2014

A mi estrella

Ya lo entendí. Ya te encontré. Te reflejas en los rostros de las mujeres. Sin ser una de ellas, eres más que ellas. Eres una idea, un pensamiento, una algarabía. Eres una luz inalcanzable, inasible, a tres mil años de viaje de mí. Eres la combinación de todas sus miradas.

A veces te veía en una de ellas, y te perseguía. Ahora sé que eres fugaz, que apareces en la punta de su nariz, y te fugas. Sé que lo haces por mí, para que, buscándote, olvide la vida de plomo.

Sé que tu fantasía me mantiene vivo. Sé que me acusan de soñador, de hablar con vientos, nubes y estrellas, como si fuera el crimen de un ermitaño.

No importa. Afuera de mi casa tengo flores, sembradas en el campo como a ellas les gusta estar. Un día, mientras las esté regando, sé que volverás a posarte liviana sobre una de ellas. Entonces le diré que ha vuelto mi estrella.

sábado, 29 de marzo de 2014

Tu casa

Me gustaría ser tu casa.
Nada más que tu refugio.
El sillón que abraza tus músculos cansados.

Me gustaría ser tu abrazo.
Las paredes que tienen ojos, pero no hablan.
Me gustaría ser tus muros.

Me gustaría ser tu inmueble
para no seguirte jamás,
sólo esperarte.

Me gustaría ser el inicio de tus viajes
y el final de tus problemas,
pero no estar nunca en medio.

Me gustaría ser tu alfombra,
tu mascota, tu cama, tu candil.
Todo aquello que te recibe con alegría,
sin preguntarte dónde has estado.

Me gustaría ser tu valor,
tu espina.
Me gustaría ver tus ratos,
sobre todo los tristes.

Me gustaría sólo dar,
ser tu despensa, tu cocina.
Ser el lugar de tu paz,
ser tu hogar, tu chimenea.

Ser el fuego cuando el tuyo se apague.
Ser tu incienso, tus sales de baño.
Ser el amor, incombustible.
Esperar mi ruina
cuidándote.

domingo, 23 de marzo de 2014

Mi estanque

Es imperceptible.
Vive
en un mundo
entre lienzo y bastidor.

Es la que espera
entre las cortinas de un parpadeo.
Es el pie desconocido
que mora bajo las mesas.

Es una línea de luz
en el horizonte blanco,
sin curvas nerviosas
ni cambios.

Es el suspiro
entre dos comas,
es un mundo desconocido.

Siempre está,
me escribe entre líneas,
ni se la ve
ni desaparece.

Es un estanque
que no se refleja,
es sólo todo para alguien.

Me escucha y me sigue,
me cuida
sin por qué ni cómo.

Es un mundo escondido
de paz infinita.

Es mi persona
preferida.

sábado, 8 de febrero de 2014

Silencio

Eres un recuerdo
que ya no recuerdo.
Te has ido
pero sigues aquí.

No es culpa tuya,
ni tampoco mía.
No es que quiera que te quedes,
pero tampoco que te vayas.

Ahora sé que amor es
permanecer en silencio.
Rendirse
sin que tú lo sepas.
Disimular la admiración
con una sonrisa.
Hablarte de nada
en instantes malbuscados,
ocultando palabras
que todo lo dicen.

Parecer que no sé nada,
que ya no te amo,
que no soy el que era,
que está todo olvidado.

Amor es que no me leas,
que de mí nada sepas.
Que aquellas bellas palabras
no se conviertan en lastre.

Es verte marchar
sin despedirte.

Es soñarte
de forma tranquila,
sin pensar
si volveré a verte.

Es saber que fuimos,
hace tiempo, felices,

y nada más.

jueves, 2 de enero de 2014

El lobo estepario

Nunca he leído a Hemingway. Da igual, porque El lobo estepario es de Hermann Hesse. He leído a Hesse, pero no he leído El lobo estepario.

La imagen que tengo de Hemingway está totalmente distorsionada por Woody Allen y su Midnight in Paris, y el título de la obra de Hesse se adapta perfectamente a esa visión.

Es curioso ver cómo las personas creen que escapan a todo tipo de condicionamiento social. Por un momento, parece que pueden hacer lo que les plazca, que las ideas que tienen siempre son propias y que sus comportamientos son inteligentes o, más que inteligentes, razonados e idóneos para las circunstancias que padecen.

Nada más lejos de la realidad. Los comportamientos de las personas son, de forma natural, exageradamente hipócritas, defensivos por supervivencia, socialmente impuestos. Son, las personas, seres llenos de defectos asquerosos, bajezas de todo tipo y miserias que, mediante alguna u otra estratagema psicológica, se niegan a combatir. Dos personas que realizan una tarea conjunta no tardan en resaltar cualquier fallo con tal de afirmarse superiores al compañero, con tal de conservar su autoestima, con tal de tapar la inutilidad que todo ser humano ostenta por defecto. Los saludos a cuasiconocidos son falsos, los saludos a conocidos son falsos, las preguntas por el estado anímico de los demás son falsas (¿a quién le importa cómo está otra persona?) y las respuestas no pueden ser otra cosa que, obviamente, falsas. ¿Quién afirmaría debilidad ante el conjunto social? ¿Con qué propósito? ¿Acaso hoy todavía alguien cree que la muestra de debilidad redundará en una preocupación de los demás por él mismo? Son las personas más cercanas las que más diestro apuñalan la autoestima de uno; ese conocimiento del allegado que, en vez de ser usado para aliviar y sanar, se utiliza para demostrarse superior. Es el ser humano, por defecto, y nunca se podrá decir mejor 'por defecto', sádico; asesino de insectos siempre con previa tortura, arrancando patas y alas sólo por placer, sólo por la oportunidad presente, sólo por la diferencia de tamaño y poder; es ingenuo, se cree auténtico, solitario, presente, ignorante de las innumerables generaciones pasadas, de las formas de opresión dominantes, como el machismo, que lo impregnan todo.

Hasta la rebeldía es falsa, es una moda, una corriente social; ¿es la identificación con una idea política seguida por un numeroso grupo de personas (y siendo uno, el grupo es siempre numeroso) una auténtica novedad? ¿Se puede ser rebelde sin innovación? No, no se puede; hasta los deseos de libertad son falsos, ni un solo hombre se aventuraría a una libertad total, sin la dirección del grupo social, sin la comodidad de someterse a sus designios, sin la supervivencia obtenida por el acomodo del pensar.

Es asqueroso percibir la asquerosidad, esta verdadera inteligencia, la de, sin temor alguno, ver de qué pie cojea cada ser humano. La verdadera inteligencia es inteligencia social, y la verdadera inteligencia es también un falso don, una verdadera maldición. Es comprender la miseria un sendero que permite escapar de lo miserable, pero siempre a costa de hacerlo solo, como un lobo expulsado y lacerado por la manada, hacia la estepa, huyendo del hastío del juego social en el que ya se pueden ver las marcas en las cartas.

Está la virtud, pienso, en los animales. En el egoísmo. Son todos los animales egoístas por umbral. Matan y asesinan hasta cubrir sus necesidades básicas y, entonces, se convierten en el mejor amigo del hombre. Nunca son los animales hipócritas; sólo se les podrá criticar su egoísmo de Maslow, pero no el operar como es contrario a sus verdaderas pasiones.


Puedo tolerar un egoísmo animal, pero no la hipocresía. Me exige demasiado esfuerzo mentir, mucho más que pensar, al contrario que para el grueso de los seres humanos. Me gustaría encontrar a personas que se comportasen como animales, superhombres, personas con sus propios valores forjados en periodo de entreguerras, como Demian, como Marv de Sin City, del que se dice que su verdadero lugar no está en un bar observando maníacamente a las bailarinas, sino en un campo de batalla con dos hachas en sus manos, decapitando a sus enemigos. Personas forjadas en este tiempo de crisis. Violencia, decisión, verdad, individualismo y amor; esta vez sí, auténtico.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Celofán

Vive homicida
en una red tupida
papel de celofán,
insecto de tantos colores
sin libertad,
nada deja traspasar.

La quiero desprendida,
alas arrancadas,
sin colores,
divertida,
pero viva.

martes, 12 de noviembre de 2013

Soñar

Dormir es desprenderse de todo lo que pesa. En primer lugar, se deja atrás el cuerpo, que súbitamente deja de doler. El cuerpo pasa a levitar y, al no estar en contacto con la Tierra, ya no nos hace sufrir.

En segundo lugar, y más importante, los guardianes del sueño nos quitan algo más. Con sus manos imperceptibles sujetan fuertemente nuestras ideas y nuestras emociones, sobre todo las más fuertes, y las arrancan de cuajo. Es sólo así que podemos descansar.

Porque sí, hay unos guardianes del sueño, que son los que cuidan de nosotros mientras dormimos. Como recompensa, tienen permiso para jugar con nuestras ideas y nuestras emociones. Y las hacen bailar como pelotas de colores rellenas de arroz, las intercambian unos con otros, las hacen volar. Ésta es la razón de que las ideas de unos y otros evolucionen, porque al frotarse entre ellas surge el amor entre las ideas, la sinergia. Las ideas se ponen a charlar mientras dormimos, se enfrentan, se pelean, discuten y se reconcilian. Así es como a una persona que vive en Nueva York se le puede ocurrir lo mismo que a una persona que vive en Cabo Verde. Así es como acabamos inventando palabras como “humanidad”. Cómo los inventores inventaron inventos sin haber conocido personalmente a inventores que inventaron inventos antes. Así es como dos personas que viven muy lejos, o que nunca han llegado a conocerse, pueden seguir queriéndose.

Al jugar con las emociones y las ideas más fuertes, las que escondemos en vigilia por temor a manifestarlas, salen a flote las combinaciones más imaginativas, crueles y extrañas, por puro azar. Cualquier cosa puede suceder en los sueños; los sueños son siempre fantásticos. Soñar es el único y verdadero refugio, donde podemos compartir todo aquello que no nos atrevemos a mostrar, porque siempre podemos culpar a los guardianes por haber mezclado mal las piezas. Soñar nos permite ser humanos, nos permite expulsar las cosas más fuertes que tenemos y mostrárselas a los demás soñadores sin excusas; soñar es sinónimo de sinceridad.

Cuando los guardianes, que con mucho gusto asumen nuestra vergüenza y toleran que los acusemos de traviesos, se cansan de jugar, entonces se apresuran a devolver las ideas a sus sitios, a las cabezas y corazones, pero con menos peso que antes: ideas cansadas y sosegadas, como niños después de jugar todo el día.

Ya no son las mismas ideas de antes, porque están marcadas por el roce con otras ideas. Son ideas más tranquilas, son ideas de amor y paz, de imprecipitación, de calma y tolerancia, de observación. Es por esto que el tiempo que empieza después del sueño se llama experiencia, inteligencia, y de tantas otras formas.

Así, con menos peso, es como podemos empezar un nuevo día, algo más felices, sabiendo más y amando más. Es verdad que al principio nos cuesta volver a entrar en el mundo, y estamos un poco hartos de jugar y nos enfadamos con cualquiera que insista en seguir haciéndolo; pero es después de un rato, cuando el corazón se asienta y ha bajado de peso, cuando podemos empezar a reírnos y a ser felices.

Y es por esto mismo que las personas que están tristes se refugian en los sueños.

viernes, 4 de octubre de 2013

She works

I like the way she works. I love to see her working, because she can't see me when I do. She works with patience, she works in silence, her gaze staring at the spinning wheel. There is nothing else in her life, but her work is not slavery, it's an effort to clean herself, to become better, to deserve what she desires. She's worthy, she deserves the best, she gets her hands dirty but doesn't need to pray with them.


I'm sure someday she will reach happiness. She's more like a steady spider, with so many hard-working hands and eyes, who weaves her web only some inches above the ground in hope to catch a falling star in it: her unique and true desire, because her happiness is only in herself.

martes, 24 de septiembre de 2013

Los almendros

Los almendros están separados unos de otros unas decenas de pasos; pero para ellos, que están anclados al suelo, es una distancia infinita. Nunca pueden los almendros tocarse, nunca caminar ni estrecharse las manos.

Por esto los almendros decidieron crecer hacia arriba, porque no pueden hacerlo hacia los lados. Apuntan al cielo para dar lo mejor de sí.

Se criaron en tierra seca y aún así florecen con luces blancas. Dan frutos ásperos y duros como la tierra, que sólo pueden saborear los que más insisten.

Pero si esos frutos no son recogidos, cuesta que caigan, y los almendros no pueden crecer más alto, florecer más blanco y dar más frutos al año siguiente.


Creo que la vida es como los almendros: estar siempre solo, anhelando aquello que vemos tan próximo, pero inalcanzable; es dar lo mejor de sí en soledad, intentando ser feliz sin más que el sueño de crecer; es dar a los demás lo que se tiene, pero si uno no puede dar a los demás aunque lo desee con todas sus ramas, crecer deviene imposible.

domingo, 30 de junio de 2013

De película

He visto cómo cuidas tu casa. Proteges a tus hijas, rechazas a los hombres, pides los préstamos, echas a los pedigüeños. Te ulceras por un pedazo de pan, tramas y matas y lo justificas. Te mueres de inteligencia, y eres buena, y desde los tobillos hasta tan alta tu frente te devora el orgullo, tan despacio, pero implacable como tú.

Eres la protagonista de una historia atroz, eres una matanza con arsénico, eres una musa de Tarantino, eres Scarlett O'Hara y la tierra roja de Tara.

Y yo soy igual. Yo el conde de Albrit, tú la condesa. Somos más orgullosos que buenos. Somos un hombre y una mujer excepcionales, los que luchamos por el pan pero no por el amor. Somos los que no toleramos un desprecio, los que no nos rebajamos, los que morimos de pie. Hay algo de placentero en el desprecio de los que nos hacen daño, y eso nos une.

Pero eso mismo nos separa. El orgullo. La soledad es para los dos un común placer, pero su disfrute no puede ser compartido por soledad. Mi casa y los míos, tu casa y tus hijas, tu ajuar, tu tierra roja. Eso es lo que nos da nuestra fuerza. Sé que nos queremos tanto que no estamos hechos el uno para el otro.

Y casi diría, querida, que me importa un bledo.

sábado, 22 de junio de 2013

Sencilla

Eres, en realidad, tan sencilla.
Eres un simple viaje,
agarrada a mi espalda,
surcando los vientos,
meciendo la mano
por océanos de trigo,
sonando canciones,
hablando guitarras,
oliendo tu pelo,
mirando tus pecas
que no dicen nada.

lunes, 13 de mayo de 2013

Historias de hospital

Hay lugares que necesitan una historia. Siempre, desde que soy dueño de las cosas que siento, he querido cuidar a alguien en un hospital. Pero no a alguien cualquiera, sino a una persona especial. De la misma forma, he deseado que me cuidaran a mí esas personas, junto a la cama de un hospital.

Las camas son los lugares donde se cuentan las historias. A los niños se les explican los cuentos en las camas. En las camas se postran los enfermos, y en la cama se dice al ser querido “me equivoqué, lo siento” y se acepta sin ninguna reprimenda, sólo con una inconcebible tristeza permisiva y amable. Las historias de cama suelen ser, por ello, tristes, pero lo importante no es su contenido, sino el mero hecho de tener a alguien a quien contárselas.

A veces ni siquiera se cuenta historia alguna. Lo único que uno desea es tener a alguien somnoliento a su lado, o sufridor, que comprenda que se necesita compañía. Una compañía sutil, no de hablar, ni siquiera de escuchar, sino una compañía de estar, sin palabra alguna, silenciosa, ni siquiera comprensiva, sino incuestionadora.

Espero algún día romperme el brazo para que vengas. No para llamar la atención, sino para no discutir. La convalecencia no admite preguntas. Hace poco te llamé porque me operaban de apendicitis, y todavía no tengo claro si apareciste. Sólo espero que alguien me cuente su historia silenciosa, o que escuche la mía, pero sin historias soy tan mortal como un hada sin palmas o canicas, más muerto que la enfermedad que me postra.

domingo, 27 de enero de 2013

El vuelo de Ícaro


Sé que hay muchas cosas que no pudiste hacer. Ver todas las películas que ha hecho el hombre, viajar a todos los países antes de que sus fronteras cambien, para tener que volverlo a hacer. Acostarte con miles de mujeres, porque cada una sabe distinto. Probar todas las bebidas, tirarse en paracaídas. Jugar, aprender, divertirse. Ver mi nueva casa. Conocer a mi última chica. Alegrarte por mi última matrícula. Verme conducir, o subirme a un escenario. Verme cantar. Montar en bicicleta juntos. Ir de excursión.

Hace un tiempo me dije que no dejaría de hacer cosas nuevas, cosas que, sobre todo, me dieran miedo. Tú me has hecho ver que no me queda tiempo, que ha empezado la cuenta atrás. He retomado las ganas de volar, y me he reforzado las alas con barro cocido. Quiero hacer todas esas cosas que tú no pudiste hacer. Volaré alto, como te dije, hasta que llegue al sol. Como aquel poeta muerto, viviré.

Y así moriré, habiendo vivido, estrellando mi imaginación contra el suelo, rompiéndola por fin, rompiendo mi caja, esparciendo mis ideas, desfigurado, pero habiendo vivido con tu recuerdo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Ciego


Me gusta ser ciego,
sentirme culpable de mi ceguera,
embarrarme yo mismo mis ojos.

Los miro y me digo:
“están mejor así,
callados”.

Antes la miraba con estos ojos.
Ahora ya no puedo,
duele tanto mirar.
Ahora tienen otro propósito.

Ahora la miro por dentro,
la atravieso y recuerdo
cuánto la amé.

Ahora bailamos juntos
en un vacío oscuro
dentro de una lluvia de estrellas,
dentro de mis ojos
y sus chiribitas,
sintiendo la música de sus susurros sonrojados.

No me mentiré,
mirarla me miente.
Sé que no es verdad
que no la quiero.

Si cierro los ojos
la amaré como siempre.
Entonces la abrazaré fuerte
para mirarla y decírselo.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Simetría

Él era una persona muy inteligente, tanto que fue capaz de enseñarme algo. Me dijo que respecto a ese tema había dos conceptos fundamentales: la simetría, y del primero no me acuerdo.

La simetría es la correspondencia exacta, de forma que si tratas de distinguir dos cosas simétricas, jamás lo conseguirás, porque son idénticas, cada una a su lado del espejo, pero mirándose, inmóviles en su similaridad, queriéndose. Por eso la pregunta “¿a quién quieres más, a tu padre o a tu madre?” es absurda y no lleva a ningún lado, ¿cómo puede quererse más a uno que a otro? Ningún amante se pregunta quién da más de los dos.

He decidido dejar la asimetría. Las aristas se me clavan en la carne y me causan daño, los vértices me punzan y cuerpos gelatinométricos surgen de mí por los ángulos entreabiertos. Por eso ahora, cuando me pregunten “¿a quién quieres más, a tu padre o a tu madre?”, responderé con voz calculada: “a mi madre”.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Un hombre no puede rendirse


Un hombre no puede rendirse. No puede porque la vida es una guerra estúpida y sangrienta en la que uno se ve envuelto sin saber por qué, con enemigos a todos lados, solo y abandonado. No decides estar ahí, no decides vivir. Por eso no puedes rendirte, nadie te ha preguntado si quieres luchar. No hay código ni treguas, no hay reglas, sólo puedes cubrirte de sangre. Ni siquiera la muerte es una opción, porque abandonar es una batalla contigo mismo que nunca vencerás. Estamos obligados a luchar sin sentido en este mundo cruel y absurdo, donde sólo brillan los que entienden que somos bestias arrinconadas, esclavas de sus instintos, y que debemos darlo todo por un tenue aliento de felicidad.