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martes, 24 de septiembre de 2013

Los almendros

Los almendros están separados unos de otros unas decenas de pasos; pero para ellos, que están anclados al suelo, es una distancia infinita. Nunca pueden los almendros tocarse, nunca caminar ni estrecharse las manos.

Por esto los almendros decidieron crecer hacia arriba, porque no pueden hacerlo hacia los lados. Apuntan al cielo para dar lo mejor de sí.

Se criaron en tierra seca y aún así florecen con luces blancas. Dan frutos ásperos y duros como la tierra, que sólo pueden saborear los que más insisten.

Pero si esos frutos no son recogidos, cuesta que caigan, y los almendros no pueden crecer más alto, florecer más blanco y dar más frutos al año siguiente.


Creo que la vida es como los almendros: estar siempre solo, anhelando aquello que vemos tan próximo, pero inalcanzable; es dar lo mejor de sí en soledad, intentando ser feliz sin más que el sueño de crecer; es dar a los demás lo que se tiene, pero si uno no puede dar a los demás aunque lo desee con todas sus ramas, crecer deviene imposible.

domingo, 30 de junio de 2013

De película

He visto cómo cuidas tu casa. Proteges a tus hijas, rechazas a los hombres, pides los préstamos, echas a los pedigüeños. Te ulceras por un pedazo de pan, tramas y matas y lo justificas. Te mueres de inteligencia, y eres buena, y desde los tobillos hasta tan alta tu frente te devora el orgullo, tan despacio, pero implacable como tú.

Eres la protagonista de una historia atroz, eres una matanza con arsénico, eres una musa de Tarantino, eres Scarlett O'Hara y la tierra roja de Tara.

Y yo soy igual. Yo el conde de Albrit, tú la condesa. Somos más orgullosos que buenos. Somos un hombre y una mujer excepcionales, los que luchamos por el pan pero no por el amor. Somos los que no toleramos un desprecio, los que no nos rebajamos, los que morimos de pie. Hay algo de placentero en el desprecio de los que nos hacen daño, y eso nos une.

Pero eso mismo nos separa. El orgullo. La soledad es para los dos un común placer, pero su disfrute no puede ser compartido por soledad. Mi casa y los míos, tu casa y tus hijas, tu ajuar, tu tierra roja. Eso es lo que nos da nuestra fuerza. Sé que nos queremos tanto que no estamos hechos el uno para el otro.

Y casi diría, querida, que me importa un bledo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Gira-sols i búnkers


Fa fred, però navegam.
Damunt la sorra trepitjam
sonors vidres de vaixells estrellats,
eriços, com noltros, exiliats del mar.

Com molins de pipes
que creixen a un estany,
flors que s'aufeguen
però ho volen i accepten.

Allà que anam, més lluny,
més enfora
de les cases d'ombres,
ens du el vent i ens crida:
“la seva mà, la sents?”

I es divisa un refugi
on hi cabem tots dos,
ella em dona les instruccions:
“puja per quí, peu per allà”,
jo no dic res del fred que fa.

Els núvols pinten bigots al cel,
ara ja els veim, ara ja estem
seguts tan quiets, tan innocents
al búnker mirant-mos,
sentint el vent,

les gavines baixen, el meu cor a cent,
els gira-sols, que cercaven el sol,
ara se'm giren, de sobte tot,
i l'aigua em mira, i el verd també,
i a l'ànima m'han fet
profundes arrels.