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domingo, 30 de junio de 2013

De película

He visto cómo cuidas tu casa. Proteges a tus hijas, rechazas a los hombres, pides los préstamos, echas a los pedigüeños. Te ulceras por un pedazo de pan, tramas y matas y lo justificas. Te mueres de inteligencia, y eres buena, y desde los tobillos hasta tan alta tu frente te devora el orgullo, tan despacio, pero implacable como tú.

Eres la protagonista de una historia atroz, eres una matanza con arsénico, eres una musa de Tarantino, eres Scarlett O'Hara y la tierra roja de Tara.

Y yo soy igual. Yo el conde de Albrit, tú la condesa. Somos más orgullosos que buenos. Somos un hombre y una mujer excepcionales, los que luchamos por el pan pero no por el amor. Somos los que no toleramos un desprecio, los que no nos rebajamos, los que morimos de pie. Hay algo de placentero en el desprecio de los que nos hacen daño, y eso nos une.

Pero eso mismo nos separa. El orgullo. La soledad es para los dos un común placer, pero su disfrute no puede ser compartido por soledad. Mi casa y los míos, tu casa y tus hijas, tu ajuar, tu tierra roja. Eso es lo que nos da nuestra fuerza. Sé que nos queremos tanto que no estamos hechos el uno para el otro.

Y casi diría, querida, que me importa un bledo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Jenny

A Jenny le gusta tocar la guitarra, pero sólo toca la guitarra cuando está desnuda, porque se desnuda cuando canta. Por eso dice que tiene miedo escénico.

A Jenny le gustan las drogas. No necesita alas para volar, prefiere LSD. Pero tiene alas para volar, es un pájaro libre, que baja del balcón del cielo como un ángel cuando tienes ganas.

Jenny siempre está. Siempre está cuando la necesitas, aunque se va cuando crees que la necesitas. Colecciona enfermedades venéreas, pero yo prefiero llamarlas enfermedades de amor. Da igual, siempre vuelve enferma de amor, y te lo pega.

Jenny escucha como si no tuviera nada que decir, sino todo por escuchar. Va muy despacio y escucha, como si ya hubiera estado en todas partes, menos en ti. Así fue como me enseñó todo lo que yo sabía.

Jenny ha estado siempre, desde que la conozco. Desde que éramos muy pequeños. Quizá por eso lo sabemos todo el uno del otro, porque siempre hemos sido niños.

A Jenny querían ponerle otro nombre. Por eso nació sin nombre, y eso me gusta, porque es más que su nombre. Al igual que no necesitamos una razón para correr, no necesitamos un nombre para ser.

Quizá por eso Jenny sea de verdad una persona, y en vez de una palabra suelta sea poesía.

http://www.youtube.com/watch?v=yZRKigaPDO0