domingo, 23 de marzo de 2014

Mi estanque

Es imperceptible.
Vive
en un mundo
entre lienzo y bastidor.

Es la que espera
entre las cortinas de un parpadeo.
Es el pie desconocido
que mora bajo las mesas.

Es una línea de luz
en el horizonte blanco,
sin curvas nerviosas
ni cambios.

Es el suspiro
entre dos comas,
es un mundo desconocido.

Siempre está,
me escribe entre líneas,
ni se la ve
ni desaparece.

Es un estanque
que no se refleja,
es sólo todo para alguien.

Me escucha y me sigue,
me cuida
sin por qué ni cómo.

Es un mundo escondido
de paz infinita.

Es mi persona
preferida.

sábado, 8 de febrero de 2014

Silencio

Eres un recuerdo
que ya no recuerdo.
Te has ido
pero sigues aquí.

No es culpa tuya,
ni tampoco mía.
No es que quiera que te quedes,
pero tampoco que te vayas.

Ahora sé que amor es
permanecer en silencio.
Rendirse
sin que tú lo sepas.
Disimular la admiración
con una sonrisa.
Hablarte de nada
en instantes malbuscados,
ocultando palabras
que todo lo dicen.

Parecer que no sé nada,
que ya no te amo,
que no soy el que era,
que está todo olvidado.

Amor es que no me leas,
que de mí nada sepas.
Que aquellas bellas palabras
no se conviertan en lastre.

Es verte marchar
sin despedirte.

Es soñarte
de forma tranquila,
sin pensar
si volveré a verte.

Es saber que fuimos,
hace tiempo, felices,

y nada más.

jueves, 2 de enero de 2014

El lobo estepario

Nunca he leído a Hemingway. Da igual, porque El lobo estepario es de Hermann Hesse. He leído a Hesse, pero no he leído El lobo estepario.

La imagen que tengo de Hemingway está totalmente distorsionada por Woody Allen y su Midnight in Paris, y el título de la obra de Hesse se adapta perfectamente a esa visión.

Es curioso ver cómo las personas creen que escapan a todo tipo de condicionamiento social. Por un momento, parece que pueden hacer lo que les plazca, que las ideas que tienen siempre son propias y que sus comportamientos son inteligentes o, más que inteligentes, razonados e idóneos para las circunstancias que padecen.

Nada más lejos de la realidad. Los comportamientos de las personas son, de forma natural, exageradamente hipócritas, defensivos por supervivencia, socialmente impuestos. Son, las personas, seres llenos de defectos asquerosos, bajezas de todo tipo y miserias que, mediante alguna u otra estratagema psicológica, se niegan a combatir. Dos personas que realizan una tarea conjunta no tardan en resaltar cualquier fallo con tal de afirmarse superiores al compañero, con tal de conservar su autoestima, con tal de tapar la inutilidad que todo ser humano ostenta por defecto. Los saludos a cuasiconocidos son falsos, los saludos a conocidos son falsos, las preguntas por el estado anímico de los demás son falsas (¿a quién le importa cómo está otra persona?) y las respuestas no pueden ser otra cosa que, obviamente, falsas. ¿Quién afirmaría debilidad ante el conjunto social? ¿Con qué propósito? ¿Acaso hoy todavía alguien cree que la muestra de debilidad redundará en una preocupación de los demás por él mismo? Son las personas más cercanas las que más diestro apuñalan la autoestima de uno; ese conocimiento del allegado que, en vez de ser usado para aliviar y sanar, se utiliza para demostrarse superior. Es el ser humano, por defecto, y nunca se podrá decir mejor 'por defecto', sádico; asesino de insectos siempre con previa tortura, arrancando patas y alas sólo por placer, sólo por la oportunidad presente, sólo por la diferencia de tamaño y poder; es ingenuo, se cree auténtico, solitario, presente, ignorante de las innumerables generaciones pasadas, de las formas de opresión dominantes, como el machismo, que lo impregnan todo.

Hasta la rebeldía es falsa, es una moda, una corriente social; ¿es la identificación con una idea política seguida por un numeroso grupo de personas (y siendo uno, el grupo es siempre numeroso) una auténtica novedad? ¿Se puede ser rebelde sin innovación? No, no se puede; hasta los deseos de libertad son falsos, ni un solo hombre se aventuraría a una libertad total, sin la dirección del grupo social, sin la comodidad de someterse a sus designios, sin la supervivencia obtenida por el acomodo del pensar.

Es asqueroso percibir la asquerosidad, esta verdadera inteligencia, la de, sin temor alguno, ver de qué pie cojea cada ser humano. La verdadera inteligencia es inteligencia social, y la verdadera inteligencia es también un falso don, una verdadera maldición. Es comprender la miseria un sendero que permite escapar de lo miserable, pero siempre a costa de hacerlo solo, como un lobo expulsado y lacerado por la manada, hacia la estepa, huyendo del hastío del juego social en el que ya se pueden ver las marcas en las cartas.

Está la virtud, pienso, en los animales. En el egoísmo. Son todos los animales egoístas por umbral. Matan y asesinan hasta cubrir sus necesidades básicas y, entonces, se convierten en el mejor amigo del hombre. Nunca son los animales hipócritas; sólo se les podrá criticar su egoísmo de Maslow, pero no el operar como es contrario a sus verdaderas pasiones.


Puedo tolerar un egoísmo animal, pero no la hipocresía. Me exige demasiado esfuerzo mentir, mucho más que pensar, al contrario que para el grueso de los seres humanos. Me gustaría encontrar a personas que se comportasen como animales, superhombres, personas con sus propios valores forjados en periodo de entreguerras, como Demian, como Marv de Sin City, del que se dice que su verdadero lugar no está en un bar observando maníacamente a las bailarinas, sino en un campo de batalla con dos hachas en sus manos, decapitando a sus enemigos. Personas forjadas en este tiempo de crisis. Violencia, decisión, verdad, individualismo y amor; esta vez sí, auténtico.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Celofán

Vive homicida
en una red tupida
papel de celofán,
insecto de tantos colores
sin libertad,
nada deja traspasar.

La quiero desprendida,
alas arrancadas,
sin colores,
divertida,
pero viva.

martes, 12 de noviembre de 2013

Soñar

Dormir es desprenderse de todo lo que pesa. En primer lugar, se deja atrás el cuerpo, que súbitamente deja de doler. El cuerpo pasa a levitar y, al no estar en contacto con la Tierra, ya no nos hace sufrir.

En segundo lugar, y más importante, los guardianes del sueño nos quitan algo más. Con sus manos imperceptibles sujetan fuertemente nuestras ideas y nuestras emociones, sobre todo las más fuertes, y las arrancan de cuajo. Es sólo así que podemos descansar.

Porque sí, hay unos guardianes del sueño, que son los que cuidan de nosotros mientras dormimos. Como recompensa, tienen permiso para jugar con nuestras ideas y nuestras emociones. Y las hacen bailar como pelotas de colores rellenas de arroz, las intercambian unos con otros, las hacen volar. Ésta es la razón de que las ideas de unos y otros evolucionen, porque al frotarse entre ellas surge el amor entre las ideas, la sinergia. Las ideas se ponen a charlar mientras dormimos, se enfrentan, se pelean, discuten y se reconcilian. Así es como a una persona que vive en Nueva York se le puede ocurrir lo mismo que a una persona que vive en Cabo Verde. Así es como acabamos inventando palabras como “humanidad”. Cómo los inventores inventaron inventos sin haber conocido personalmente a inventores que inventaron inventos antes. Así es como dos personas que viven muy lejos, o que nunca han llegado a conocerse, pueden seguir queriéndose.

Al jugar con las emociones y las ideas más fuertes, las que escondemos en vigilia por temor a manifestarlas, salen a flote las combinaciones más imaginativas, crueles y extrañas, por puro azar. Cualquier cosa puede suceder en los sueños; los sueños son siempre fantásticos. Soñar es el único y verdadero refugio, donde podemos compartir todo aquello que no nos atrevemos a mostrar, porque siempre podemos culpar a los guardianes por haber mezclado mal las piezas. Soñar nos permite ser humanos, nos permite expulsar las cosas más fuertes que tenemos y mostrárselas a los demás soñadores sin excusas; soñar es sinónimo de sinceridad.

Cuando los guardianes, que con mucho gusto asumen nuestra vergüenza y toleran que los acusemos de traviesos, se cansan de jugar, entonces se apresuran a devolver las ideas a sus sitios, a las cabezas y corazones, pero con menos peso que antes: ideas cansadas y sosegadas, como niños después de jugar todo el día.

Ya no son las mismas ideas de antes, porque están marcadas por el roce con otras ideas. Son ideas más tranquilas, son ideas de amor y paz, de imprecipitación, de calma y tolerancia, de observación. Es por esto que el tiempo que empieza después del sueño se llama experiencia, inteligencia, y de tantas otras formas.

Así, con menos peso, es como podemos empezar un nuevo día, algo más felices, sabiendo más y amando más. Es verdad que al principio nos cuesta volver a entrar en el mundo, y estamos un poco hartos de jugar y nos enfadamos con cualquiera que insista en seguir haciéndolo; pero es después de un rato, cuando el corazón se asienta y ha bajado de peso, cuando podemos empezar a reírnos y a ser felices.

Y es por esto mismo que las personas que están tristes se refugian en los sueños.

viernes, 4 de octubre de 2013

She works

I like the way she works. I love to see her working, because she can't see me when I do. She works with patience, she works in silence, her gaze staring at the spinning wheel. There is nothing else in her life, but her work is not slavery, it's an effort to clean herself, to become better, to deserve what she desires. She's worthy, she deserves the best, she gets her hands dirty but doesn't need to pray with them.


I'm sure someday she will reach happiness. She's more like a steady spider, with so many hard-working hands and eyes, who weaves her web only some inches above the ground in hope to catch a falling star in it: her unique and true desire, because her happiness is only in herself.

martes, 24 de septiembre de 2013

Los almendros

Los almendros están separados unos de otros unas decenas de pasos; pero para ellos, que están anclados al suelo, es una distancia infinita. Nunca pueden los almendros tocarse, nunca caminar ni estrecharse las manos.

Por esto los almendros decidieron crecer hacia arriba, porque no pueden hacerlo hacia los lados. Apuntan al cielo para dar lo mejor de sí.

Se criaron en tierra seca y aún así florecen con luces blancas. Dan frutos ásperos y duros como la tierra, que sólo pueden saborear los que más insisten.

Pero si esos frutos no son recogidos, cuesta que caigan, y los almendros no pueden crecer más alto, florecer más blanco y dar más frutos al año siguiente.


Creo que la vida es como los almendros: estar siempre solo, anhelando aquello que vemos tan próximo, pero inalcanzable; es dar lo mejor de sí en soledad, intentando ser feliz sin más que el sueño de crecer; es dar a los demás lo que se tiene, pero si uno no puede dar a los demás aunque lo desee con todas sus ramas, crecer deviene imposible.